Miyazaki y toda su troupe

Chihiro cruzó aquel túnel, se hizo de noche, sus padres se convirtieron en cerdos y nada volvió a ser lo mismo. Si alguien ha sabido transportarnos más allá de lo mismo es este japonés bajito con cara de no haber roto nunca un plato y toda su pléyade de colaboradores, entre los cuales ha de haber, sin duda, un dios oriental venido a menos y cinco o seis criaturas sin nombre. No se explica de otro modo tanta habilidad para crear atmósferas inolvidables, capaces de saltarse a la torera barreras culturales y kilométricas y hacernos vivir dentro de ellas las más fantásticas historias que nunca nos atrevimos a imaginar. Apreciar su obra antes y dentro de los estudios Ghibli hace tiempo que dejó de ser un gusto especial de sibarita, una extravagancia original del espectador avispado. Está entre nosotros desde siempre, claro, sólo que no lo sabíamos con nombres y apellidos. Hoy por hoy son los nombres y apellidos de la mejor animación que uno pueda echarse a los ojos, unos ojos desgastados por ver siempre lo mismo. Si alguien pasa por aquí de refilón y advierte que le falta este autor entre sus preferidos hacedme caso, dadle una oportunidad a su pródiga producción, Totoro es una buena manera de empezar. Y después Porco, por qué no, la poesía más evidente de todas, y la mejor manera que se me ocurre de cerrar el relato con un cerdo aviador de la primera guerra mundial. 

El dibujo es un homenaje hecho para una versión o viceversa, y para algún otro uso posiblemente. Y porque hay temas que sólo por tocarlos engrandecen al mensajero.

 

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Ñoñerías 9 a 12: Los Demás

El ser ñoño no es óbice para ser más cosas, o al menos intentarlo. Los demás pueden pensar que ser ñoño implica poca sustancia, poco carácter, mucha ingenuidad, mucha ganas de endulzar sin motivo lo amargo y pocas ganas de asumir la cruda realidad. A mi me parece que la realidad se asume o no independientemente de cómo la traduzcamos luego, son problemas distintos. Traducirla en una buena cara ayuda casi siempre, a uno mismo y más a los demás.
De los demás el ñoño piensa bien a priori. Hace mucho que me cansé de la gente que piensa mal por defecto, el “piensa mal y acertarás”, del vecino de arriba o del famoso omnipresente. Yo prefiero pensar bien y llevarme un chasco llegado el caso con el vecino y pensar para siempre bien del famoso al que nunca conoceré y que nunca me regalará por tanto chasco alguno. Prefiero no buscarle tres pies a las buenas acciones, no necesito echarlas abajo en un intento de justificar el hecho de que no soy yo quien las hago, no necesito dudar del beneficio real de tales acciones en otro intento de justificar lo mismo. Estoy bastante harto de justificaciones, del mirar para otro lado, del no tener la culpa nunca. No existe nada más falsamente acusado en este país que el empedrado, al que habría que escribir algún día una justa oda al inocente. Igual me animo algún día, quien mejor que un ñoño para hacerlo.
En las escuelas hace mucho que sobra alguna asignatura y falta la empatía como tal. No sé si se puede aprender, pero se podría intentar. Mientras tanto los afortunados que podemos permitirnos reflexionar alegremente podríamos practicarla más a menudo. No cuesta nada probar.  

Las tres páginas mostradas a continuación aparecieron en su día en el inefable y pizpireto Ojodepez, en el mismo orden pertenecen a los números 62 “Supervillanos”, 63 “Deformidades” y 64 “Vergüenza”. No dejen de visitarlo amigos, no produce escozor, o lo produce del bueno.



 

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Quattrocento: Tres


Ya hay portada (sí, el “ya” es fina ironía), de mi Quattrocento, lo que quiere decir que pronto estará listo (sí, el “pronto” es un adverbio), lo que quiere decir también que después de tardar bastante más de lo deseado (casi tanto como los otomanos en espantar a los sabios bizantinos), acabé de dibujar toditas las páginas del proyecto. Costó, sí, no habré de negarlo, pero ha sido un largo y tortuoso placer. Y lo he dicho en el mejor de los sentidos.
Además de la portada adjunto una página de la última historia que me quedaba por enseñar, el relato de misterio protagonizado por dos hermanas particularmente parecidas. El pez que aparece circunstancialmente en la viñeta grande no es Gill (buscar la referencia), es un primo que conoció en la quinta boda de una anguila promiscua.

Si todo sigue su curso más o menos en junio saldrá a la venta el interfecto, vendrá llenito de dibujos por las dos caras, tendrá bocadillos de sobra, onomatopeyas a raudales, diálogos a cascoporro y hasta líneas rectas hechas sin regla. Y cuatro sencillas historias de andar por casa. No se apuren, que en la fecha exacta de publicación les aviso otra vez.
Espero les guste.



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Sillage de Morvan y Buchet, de Munuera y… mío



El ínclito José Luis, de profesión dibujante apabullante y de apellido Munuera tuvo a bien en su día solicitarnos una versión de su Navis via Art Box. La resultante de esa inocente premisa fue un chaparrón de dibujos tal que así. Entre tanto garabato de quitar el hipo (y la ilusión al más pintado), se encuentra la versión de un servidor que encabeza esta entrada, en blanco y negro y a color también, aunque en aquellos lares gustara más la tinta sin aderezo alguno.
Sillage es un personaje que José Luis descubrió para mí, como anteriormente me había redescubierto ese añorado Spirou de la infancia perdida, ése que se podía leer en español y gratis en la biblioteca más cercana. Ahora ya no habrá mucho más botones dibujado por él y es una pena, porque se puede dibujar a Spip, Fantasio, Champiñac y Zorglub mejor pero es difícil imaginarse cómo.
Va por usted, melón.

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Tengo un trasgu en el desván

 

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Ayer me desperté en el desván y no lo noté igual, no era él sino otro que se le parecía en lo estructural pero me fallaba en el alma. Para empezar estaba reseco de necedad, me encontré con el desagüe sin el viejo gato con botas de peluche y las katiuskas que desde siempre lo obstruían a base de bien y sospeché de inmediato por donde perdía agua el receptáculo. No era todo. La mesilla de noche estaba atornillada al techo. Por ahí todo normal, pero faltaba el despertador que con tanto ahínco pegué en su día a base de contacto y porrazos. En su lugar asomaba burlona una muñeca de trapo que colgaba de las trenzas y enseñaba en concecuencia las vergüenzas al respetable con sólo levantar la vista. No era todo. Tres moscas tenían presa a una viuda bajo todo el peso de una silla Luis XVI perteneciente a la antigua casa de muñecas, la que por cierto tampoco era la misma. En la habitación principal un despertador con forma de rana perjudicada dormitaba en el otrora sitio de una preciosa muñeca de trapo con trenzas. Rumiaba yo aquellos sutiles cambios y hallé la solución dividida en dos hipótesis disparatadas: O bien yo mismo, hallándome dormido y sonámbulo además encontré el buen gusto decorador que echo en falta estando despierto; o bien alguien ajeno a mi persona, con un gorro desorbitante, orejas exageradas, nariz puntiaguda, ojos de sapo y con medio metro escaso de mala leche se me había colado a vivir, vete a saber desde cuándo, en mi nidito de humor. Tengo un trasgu en el desván pensé, tamaña desgracia. Imagínense a este ser que viene de la tradición asturiana a enredar, esconder cosas, cambiarlas de sitio o quedárselas sin más para perderlas sin remedio a través del agujero de su mano. Tienen buen corazón dicen algunos pero yo digo que habrá de todo, lo mismo el mío lo tiene y sólo lo hace de puro travieso. Peores cosas le han pasado al castillo y puestos a decir verdades, todos los desvanes tienen uno.

La animación de esta entrada corresponde a un concurso para la TPA que tuvimos a bien hacer hace algún tiempo ya y que se emite todas las tardes en esta cadena. Si seleccionáis las casillas podréis ver al trasgu del desván en acción, y quizás adivinéis a qué lugar pertenece la fantástica foto escondida, obra y gracia de David Busto (para más señas: Ennegativo).

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Feices Fiestas Para Todos :-)

La navidad es muchas cosas, demasiadas para tener el mal gusto de comentarlas en navidad. La fe, esa que se presuponía antes y ahora asombra al más pintado es algo que escapa a mi razón y sí, entiendo la paradoja; quiero decir que escapa de mí sin más, y en cierto modo es una pena. Por eso y por algunas cosas más la navidad en este desván es también y por encima de todo una excusa para desear el bien al prójimo, a todo buen hijo de vecino, al que no tiene vecino o hijo o padre y a todos los que salen en aquel anuncio de un refresco gaseoso registrado también. 

Aunque no visiten este herrumbroso desván de pacotilla.

Para todos un rato para ser feliz, ya que estamos.

 

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Quattrocento: Dos


Segundo capítulo del Quattrocento que me traigo entre manos (ya saben, aquello de los otomanos); cinco muestras de tres historias que tienen el buen gusto de estar terminadas, o casi. La imagen que encabeza la entrada es otra página de la historia que presenté otrora, una de esas tavernas del buen y del mal ver que coronan de cuando en cuando todo camino que se precie. A continuación dos dibujos del segundo cuento. Difícil explicar algo de él, que hablen las imágenes (sobretodo la primera, claro).  



Y por último presentación y página eeeeehh tres de la tercera y poco autobiográfica historia, a pesar de tratarse de las peripecias de un dibujante moderadamente atractivo. Pero las coincidencias con mi vida acaban ahí más allá de las meramente logísticas informáticamente hablando, se lo aseguro. Y bueno, es posible, sólo posible, que mi pelea con el ser metódicamente ordenado que estoy seguro guardo en mi interior vaya camino de ser leyenda, y que por el momento y para largo la batalla se incline hacia el ser decididamente descuidado que estoy seguro aflora en mi exterior. Pero poco más. Y bueno, es probable, sólo probable, que yo también calce un 42 de los de ahora, un 41 de los de antes, pero eso, claro, sólo interesa a los fetichistas.



 

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Ñoñerías 6 a 8: Tutifruti

Dany El Ñoño expande sus fronteras, emigra de sí mismo y alcanza latitudes y, por que no, longitudes insospechadas. Su influencia en la juventud de hoy en día se refuerza mediante la difusión en ODP (ver entrada anterior para más inri), dos de estos tres pellizcos del anecdotario que compone su vida salieron publicadas en ese panfleto infravalorado y acuoso y sus respectivos temas tienen que ver con los respectivos temas de aquel. Cada quince días en su quiosco virtual más de este pizpireto rapaz, y cada cierto y poco definido tiempo recopilación en este inundado desván junto a obras inéditas como la tira (o lo que sea), que encabeza todo este guirigay, repitan conmigo. En esta tira (o lo que sea), Dany se enfada. ¿Tienen esa capacidad los ñoños, se preguntarán? Voto a brios que sí, y cuando tal sucede su ira es indescriptible, insondable, pizpireta. De pronto, toda su furia almacenada por el desequilibrio agresivo-pasivo que les embarga estalla a modo de popurri desbordado y al que pilla en su camino se lo lleva por delante en una marea de descontrol y palomas al viento. ¿El motivo de esta barbarie? Puede ser irrelevante o pueden ser, repitan conmigo, los putos sms que la humanidad decidió necesitar para subsistir hace bien poco. Mire a donde mire y sin falta de descuidarse alguien te demanda, te pide, te aconseja, te reclama, te manda uno de estos coitos interruptus de la prosa malhablada del hoy y, me temo, del mañana. Yo paso, no concurso, no quiero politonos, no quiero a Bisbal, ni a la Oreja, no quiero juegos ni ganar un bmv por 0,25, no quiero enviar uno para que me devuelvan 25 gratis o razonablemente más baratos, no quiero publicidad insana en mi anacrónico y pesado como una jabalí preñada teléfono móvil.El otro día escuché que sólo queda un puesto de palomas mensajeras operativo en la península, a donde iremos a parar.
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Ojodepez y a mucha honra

¿Qué es Ojodepez?
Es una parte hueca de un barco, una parte vidriosa de un pez, una parte deformada y objetiva de la realidad, un hatillo de cómics hetéreos y punto.
Y aparte.

Es un fanzine virtual casi siempre, on-line casi siempre, y gratis por vocación y por imposibilidad de ser otra cosa, como diria aquel.
Es un revuelto de aficionados que lo están o lo parecen (locos), y que lo demuestran casi siempre en un revuelto de cómics con el mismo condimento cada quince días: achicoria.
Juzguen ustedes mismos, se van a reír. La achicoria es lo que tiene. 

Ojodepez es además un reencuentro para mí con el mundo del cómic y su submundo, o sus inicios, una manera de pasarlo bien y seguir aprendiendo siempre. Es un esfuerzo encomiable y un logro de más de cincuenta y cuatro números y más de dos años, y lo que te rondaré morena. Es el cobijo ocasional de uno de mis personajes favoritos, Xixo, el central de toda esa peña de mini-personajes que se esconden, junto a otros muchos, bajo su oronda sombra.
Ojodepez, así, todo junto, es un caldo de cultivo de dibujantes estupendos y gente estupenda a la que frecuento poco hace demasiado y a la que hace mucho también le debía un rincón en el desván.
Es sobretodo y será un gran placer. Gracias tíos.

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Quattrocento: Uno

Fue cuestión de la caída de Constantinopla, dicen, los sabios bizantinos tomaron las de Villadiego huyendo de los otomanos dirección la rica Florencia; por ahí y por entonces enredaron los Medici y entre dimes y diretes empezó el comienzo del Renacimiento, el Quattrocento, preciosa palabra que como muchas endulza el idioma italiano. 

Pero Quattrocento también es por aquí y por ahora un proyecto de cómic de la editorial Dolmen en el que me veo envuelto para mi delicia y mi tormento (esto último tan sólo por falta de tempo). Consiste en sacar de un autor más o menos novel cuatro historias diferentes, un estilo y once páginas para cada una, cuatro miradas distintas del mismo observador. Una empresa personal y fascinante de la que iré dando cuenta por el desván de cuando en cuando. Para más información sobre todo el proyecto (antiguos y próximos autores, temáticas, etc), y sobre el mundo de Dolmen en particular y el cómic en general podéis visitar Desdemimundo, el blog de Jorge Iván Argiz, culpable directo además de que el ñoño que escribe luzca garabatos en la colección (y aquí la entrada en la que salgo yo, ¡viva!).

La primera historia en la que estoy tiene ya su rinconcito entre las bambalines del desván en forma de rana sobredimensionada (aquello de “Orcos sí, gracias”). La ilustración que encabeza la entrada son diseños de personajes y la que os dejo a continuación es la primera página del cuento. No cuento más por ahora, hasta la siguiente historia…

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