CAMPAÑA. Carod, con algunos de los candidatos de ERC, en el Museo de las Atarazanas de Barcelona. /EFE

CAMPAÑA. Carod, con algunos de los candidatos de ERC, en el Museo de las Atarazanas de Barcelona. /EFE

El submarino del fondo no es una metáfora con muy mala idea de los resultados que le esperan a ERC y sus cuatro amigos. Es que José Luis se ha enfundado el polo negro de campaña y la sonrisa de cómo me encanta haber nacido
en Cambrils y no en Alpedrete y está dando un voltio por todo,el Estado español, incluida Donostia, a ver si por allí sí pasa la vía soberanista que no halla.

Fue en esa tierra extraña donde se obró el milagro de que hablase en español «por primera vez en años» e invitase a los españoles a votarle, no vaya a ser, pensó, que alguno, por eso de que «los catalanes estamos hasta el moño
de España», el 7-J se quede en casa. El submarino es la metáfora del viaje de Carod hacia la Europa de los pueblos que están de Josep Lluís hasta el madroño.