ESTATUAS. Gallardón saluda a una joven, ayer, en Canarias. /EFE

ESTATUAS. Gallardón saluda a una joven, ayer, en Canarias. /EFE

El alcalde jesuita es capaz de codearse con una estatua para arañar un voto. Miren cómo lo lucha, cómo bromea, cómo se arrima, cómo empatiza con esta joven que se gana la vida en las calles una hora antes que nosotros porque ella es de Canarias: «Hola, me llamo Alberto y soy alcalde. ¿A que no me votas?».
El alcalde innombrable está feliz porque tiene una web dedicada a su persona por cinco legiones de detractores (www.gallardonno.com) y una campaña paralela para él solito: «Por un PP centrado, vota no a Gallardón». El alcaldísimo es el único que se mueve de las filas liberales y encima sale en la foto. Y todavía hay quien sólo ve el cartelón de los progres. Angelotes.