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EL BESO. Mariano Rajoy, ante la Santísima y Vera Cruz de Caravaca durante su visita, ayer, a la localidad del mismo nombre. /EFE

La cosa se pone fea en la recta final de este botafumeiro electoral. Ayer los bipartidos sacaron a la calle toda su artillería y de «los avioncitos» pasaron a los panzer, al desvelar Pepiño el número de escoltas del presidente in péctore, don Aznar. Contraatacó La Cospe, que está convencidísima de que «la mezquindad y ruindad» del adversario «no tiene precio», que suena como a anuncio de tarjeta de crédito, pero en bélico.

La cosa está tan mala fuera de las trincheras que el bueno de Mariano optó por recogerse y trascender. Aquí lo pueden ver, contrito
y desarmado en pleno seno de la Iglesia Católica, que perdona el pecado a un bando más que al otro, casa en El
Escorial y encima es todo amor. «No saben lo que hacen», le dijo a monseñor bajo estricto secreto de lesa confesión.