De cómo estropear una buena historia

Archivado en (COMENTARIOS) por musicom el 24-12-2009

El saxofonista Larry Ochs.

El saxofonista Larry Ochs.

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 La historia era genial en sí misma, pero la adornaron con datos tan inverosímiles, que se pasaron de frenada y la acabaron pifiando. El País contaba hace días -en exclusiva, decían- que un ciudadano había reclamado la devolución inmediata del dinero en un concierto del saxofonista Larry Ochs, en el último Festival de Jazz de Sigüenza. Lo increíble era su supuesta argumentación para armar el belén: que aquello no era jazz, sino “música contemporánea” y que ese género lo tenía “contraindicado por prescripción médica”.
 
Y añadía el relato que los hechos se habían denunciado en el cuartel de la Guardia Civil y que un agente se había presentado en pleno concierto “para atestiguar que, en efecto, aquello que sonaba no era jazz”, aseguraba la información.

¿Surrealismo de la España profunda? ¿Moto periodística con sidecar?

Aunque sólo sea por los años que uno lleva tragando periódicos, aquello olía a truco del almendruco. O bien aquel buen señor no estaba en sus cabales (entonces, me parecía muy poco ético elevar a la categoría de reportaje las desventuras de una persona, sencillamente, enferma), o aquello cantaba a aquella máxima despreciable de la profesión de que ‘no dejes que la realidad te estropee una buena historia’.

   ¿Qué doctor puede contraindicar la escucha de música contemporánea?, ¿quién podría denunciar ante la Guardia Civil que le tangaron con un estilo musical? ¿Desde cuándo la Benemérita dispone de una unidad especial de verificación del jazz?

  
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La siguiente noticia sobre el tema contaba que el gran trompetista Wynton Marsalis, un purista del jazz militante, había leído un refrito de la información en el periódico británico The Guardian y que andaba como loco buscando al ciudadano español anónimo para regalarle toda su discografía dedicada.
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La tercera información pone las cosas en su sitio. Habla el protagonista y llegamos a la conclusión de que, más que un friqui o majadero como nos lo habían pintado, este aficionado al jazz se atrevió, simplemente, a llevar a cabo lo que muchos no tuvimos el valor de hacer en infinidad de ocasiones en que nos sentimos estafados.

  Relata, aún asombrado por la repercusión de su acto, que fue con la parienta a un concierto de jazz y que se encontró con un bodrio experimental, que le crispó los nervios al instante. Decidió pirarse a los diez minutos y reclamó la pasta. Tras soportar la burla de los taquilleros, le negaron después el libro de reclamaciones. Y ese fue el motivo por el que presentó la denuncia. ¿Quién no ha tenido un día torpe cuando le dan gato por liebre?
 Ya no aparece por ningún lado ni el guardiacivil jazzy, ni el parte médico contra la modernidad.

No dejemos que la falta de rigor se cargue una buena historia

Cuentan que el damnificado reclama ahora a Marsalis que cumpla su promesa. Y si no, que se la pague el mensajero. Por listu.

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