
El grupo madrileño Sex Museum será una de las grandes atracciones de la programación musical del Festival Internacional de Cine de Gijón. La banda está a punto de grabar un nuevo disco y presentará el lunes (sala Acapulco, tras la última proyección) algunas de las nuevas canciones. Hablamos con su guitarrista, Fernando Pardo, miembro también del grupo de surf Los Coronas, un músico de una lucidez y un criterio a la altura de su calidad artística.
-Sex Museum es un grupo muy querido en Asturias. ¿Es recíproca esa sintonía y la buena onda?
-Totalmente. Nuestra visión del rock and roll la tenemos muy localizada, está de Burgos para arriba. En Euskadi, norte de Castilla, Asturias y Galicia es donde más tocamos y donde más se comparte y se entiende nuestra visión de la música. Es una mezcla de amor y necesidad, es donde la escena está más viva, es más rica y participativa.
-¿Cómo va a ser el concierto del lunes?
-Nosotros entramos a grabar un disco una semana después, entonces va a ser una mezcla de lo antiguo con las canciones nuevas. Será un concierto especial, no va a ser lo habitual. Hasta este verano, estuvimos tocando todo el repertorio antiguo y ahora ya va a ser nuevo en un porcentaje alto.
-¿Qué nos puede adelantar de ese nuevo disco?
-Es como quien decide arreglar la casa de sus abuelos: es muy bonita por fuera, pero dentro está llena de humedades. La parte exterior y la palmera la vamos a dejar, pero por dentro todas las humedades se irán fuera. Es una mezcla de reinventarnos, pero teniendo claro quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Seguimos un camino bastante parecido.
-¿Cómo se va a titular el nuevo disco?
-Todavía no lo sabemos, estamos en medio del proceso.
-El grupo lleva veinticinco años en la brecha, ¿cuál es la receta para mantener durante tantos años una obra honesta y, sobre todo, esa energía en directo?
-Ante todo, es porque nos gusta mucho, pero a la larga es tener bien claro qué es lo que pretendemos con la música. Hay un momento en el que siempre tienes la duda de ‘si cambiara esto, ¿podría aspirar a un reconocimiento masivo y sería todo diferente?’, pero nosotros nunca hemos llegado a planteárnoslo seriamente. Es como un camino constante en una misma dirección: a veces, vas más rápido; otras, más lento, y otras no te puedes mover, pero tampoco tienes que dar muchos bandazos y, por lo menos, sabes siempre que lo recorrido lo tienes ahí. Con Sex Museum siempre ha habido una seguridad en la visión y en el punto de vista, que está un poco por encima del reconocimiento o de la posibilidad de trascender en ciertas épocas y, claro, lo que pierdes por ese lado, lo ganas luego en credibilidad. Es como la típica persona a la que cuando la moda pasa cerca de tu casa, todo es perfecto, pero cuando pasa a diez kilómetros de distancia, te quedas totalmente fuera. Pero como todo es tan cíclico, pues nosotros continuando eternamente en la misma dirección, hay un momento en que se te reconoce.
- Vuestro anterior recopilatorio se titulaba ’15 éxitos que nunca fueron’. ¿Cree que Sex Museum está suficientemente valorado en España?
-Sí. Nosotros, como buenos españoles, sabemos de qué va España, que es un país duro, y precisamente por ser tan duro, también te hace ser de una manera mucho más resistente. Al arte, en general, se le tiene un poco de menos. Pero no está mal, nosotros, al menos, hacemos rock; más complicado es para un escultor o incluso para un poeta. España es un país raro con todas sus formas artísticas, pero nosotros, por suerte, hemos sabido encontrar un camino bastante a nuestra manera. Estamos fuera del circuito habitual de la música -porque sacamos los discos por nuestra cuenta, a nuestro ritmo y con nuestro estilo-, y tenemos una forma funcionar que nos viene bien y hace que las cosas continúen. Pero volviendo a lo de ‘¿es fácil o difícil en España?’, pues si en un periódico hay unas seis páginas para deportes –que en Madrid cinco son para el Real Madrid-, de cultura suele haber una página o media. Es lo que cuenta la cultura aquí. Pero que las cosas funcionen así, no quiere decir ni que tengamos un sentimiento de perdedores, ni que creamos que no hay nada que hacer: ¡qué va!, las cosas se pueden hacer poco a poco e irse abriendo camino. Ésa es nuestra mentalidad.
-¿Cuál es tu disco favorito de Sex Musem o el que consideras más redondo?
-Pues igual es el ‘Sparks’. También me gusta el ‘Speedkings’. No sé, es que siendo padre es complicado. Yo haría un disco cogiendo trozos y retales de uno y de otro.
-¿Qué recuerdo le queda de aquel espíritu mod de vuestros comienzos?
-Sigue habiéndolo. Hay una forma de ver las cosas, nuestro idioma musical o muchas referencias, que siguen siendo las mismas. Hasta en la forma en la que miramos distintos estilos musicales, sigo notando que hay mucho de ese pasado mod, de haber aprendido codo a codo con otra gente, el haber tenido claro el camino de la ortodoxia y cuál fue el momento en el que saltaste la valla. Yo creo que tanto Miguel (Pardo), el cantante, como Marta (Ruiz), la teclista, como yo, con el rollo mod -y extendiéndolo un poco al ‘garage’-, siempre hemos tenido una identificación, por encima de casi todo. También estabas metido en la adolescencia y es con lo que has crecido. Tiene sus grandes ventajas, porque en una conversación, lo mismo puedes hablar de Mötorhead como del norther soul y de Wigan Casino. Nuestra visión de la música, gracias a ese rollo mod, siempre ha estado más orientada desde el fan que desde el músico. Y si eso es bueno, desde luego viene de ahí, aunque a veces pienso que no lo es tanto, porque nos hace ser hipercríticos. Ser músico y ver la música como fan, a veces va un poco en tu contra. Se comen menos la cabeza los músicos que tienen pocos discos que los que tenemos muchos.
-Como guitarrista, ¿cuál es la línea que separa el virtuosismo de convertirse en un plasta?
-Para mí están muy cerca, el virtuoso y el plasta están casi al lado. Para mí, el rock and roll es mucho más terrenal. Yo tengo una forma de probarlo: música con un porcentaje muy alto de tíos, es que hay rock, pero no hay roll. Y nosotros estamos en el rock and roll, es una cosa continuada. Te digo una cosa: las mujeres son perfectas para saber cuándo un tío se está pasando y no está diciendo nada. ¿Qué es lo que pasa en un concierto de un ‘superguitar hero’? Que no hay tías. Es como lo de los canarios en las minas: lo sueltas y si el canario la palma, sal corriendo. Cuando en un concierto hay pocas tías, es como mi prueba. Mis grandes maestros o mis grandes referencias como guitarrista son Link Wray, Steve Marriot, Pete Townshend, Mick Ronson…Es más un sonido y una actitud, que luego el rollo virtuosista. Pero, bueno, eso depende de cada uno, esto es una opinión absolutamente personal.
-Sex Museum comenta que aspira hacer el disco perfecto.
-Ya toca, joder (risas), que llevamos muchos años ahí. Ahí se mezcla otra vez lo de que somos demasiado fans. Para mí, el disco perfecto es el que está a la altura de los que considero los grandes discos. Luego oigo los míos y digo ‘no están mal para ser españoles’, pero, nada, hay que superar eso.
-Se confiesa gran seguidor de un gijonés de adopción: el músico y productor estadounidense Mike Mariconda.
-Sí, sí. Mike es un tío que a Gijón le ha venido muy bien. Tiene un corazón que le sale y es un tipo de que da mucho y al que se le puede tomar mucho el pelo. Entonces, al ser así, va a estar en un lugar mucho más tiempo de lo que para él sería sano. En la parte positiva, es una persona que hace que crezca toda una escena, sobre todo la del rock and roll, y como abono es cojonudo. Gijón le va al pelo, porque él no habría podido aguantar en sitios tipo cuenca, o incluso en Galicia. La verdad es que tuvo ojo: Mike le viene bien a Gijón y Gijón le viene bien a Mike, no sé durante cuánto tiempo. Desde luego, estoy seguro de que a toda la escena rocanrolera -ya no sólo la de Gijón, sino de Asturias en general y de toda la zona norte-, Mike le viene muy bien con su visión de esa mezcla de Lo-fi y el ‘si es real, me lo creo, y si hay algo de pose, no me vas a engañar’. Es como un detector para ese tipo de cosas.
-Algún grupo que haya descubierto últimamente o que te interese especialmente.
-Uff, tendría que pensarlo. La verdad es que estoy en mi época absolutamente retro, esto no puede ser: tengo que espabilar. He acabado siendo víctima del camino que empecé a andar cuando tenía 13 o 14 años, que empecé a hurgar en toda la música del pasado. Me apoyé en el momento en que descubrí a los Cramps, todo el revival mod, el rollo psychobilly o toda la música antigua y tiré hacia atrás, y ahora me doy cuenta de que soy víctima de eso. No hay otra cosa que revisiones constantes un millón de veces. Para mí, cada revisión de Elvis es como echarle un vasito de agua a un bourbon. Y a la siguiente revisión, a ese bourbon le echan otro vasito y a la siguiente, otro poquito. Entonces, a la séptima revisión, queda muy poco del sabor real y entonces tiras para atrás a saco. El impacto que para mí tuvieron los Stray Cats a principios de los ochenta, es imposible que lo pueda tener ahora. Con grupos de los noventa, tipo Southern Culture on the Skids o Reverendo Horton Heat o alguien así, todavía me llegó a ese golpe en el estómago, pero ahora mismo me cuesta. Casi prefiero descubrir las canciones raras de Chuck Berry a ponerme a investigar lo nuevo. Es complicado, porque esto es como una espada que tiene filo por las dos partes, que tienes que tener mucho cuidado por dónde la agarras. A la vez estoy metiéndome con la revisión constante del retro, pero también soy de los que está echando leña al fuego para que eso continue, entonces, buff, somos pura contradicción, porque también el mundo de la música que nos ha tocado es una pura contradicción. Aunque no lo comparta mucho, creo que en la música de baile es donde se están haciendo cosas buenas. La putada es que no soy un gran fan de esa música, pero sí que reconozco que ahí se están haciendo cosas nuevas y buenas. El rock and roll se podría decir que está hecho, entonces, hay que darle otra vuelta u otra actitud. Lost Sounds es uno de los últimos grupos que me impactaron realmente y el disco tiene ya varios años.
-¿Qué tal está resultando el proyecto conjunto de Los Coronas con Arizona Baby?
-Muy bien, ‘Dos bandas y un destino’. Es como ser mayor y permitirte seguir jugando a lo que jugabas cuando tenían 10 ó 12 años. Es la bomba.
-¿Conoce o tiene referencias del Festival de Cine de Gijón?
-Sí, hemos tocado ya con Coronas y estuvo muy bien. Si, además, queríamos hacer un set especial, pero no nos ha dado tiempo por lo rápido que ha salido todo, pero es la bomba. Ir a tocar a Gijón está muy bien, entre otras cosas, porque mi padre es de Gijón y mi familia paterna son todos Bustillo y esos apellidos uno tras otro. Y volver tiene una especie de atracción genética que viene de antiguo.





Bravo, totalmente de acuerdo en el 99% de lo dicho. Es imposible oír a un músico ser así de crítico y lucido, ojalá hubiera mas así.
Las mujeres somos perfectas en desenmascarar cualquier mentira, totalmente de acuerdo.