Van a llover las reediciones (y los homenajes), pero lo cierto es que lo harán sobre mojado. La obra de Mario Benedetti; popular sin necesidad de que la muerte pusiese este reconocimiento de por medio, lleva años al alcance de todos los lectores. Incluso de aquellos que se jactan de tener problemas de comprensibilidad con la poesía, porque la claridad tan narrativa y reconocible del escritor nacido en Paso de los Toros (Uruguay) siempre gozó de la complicidad del público.

Por eso, no será difícil encontrar en estos días algún ‘Inventario’, o cualquier volumen que antologue al autor de obras como la novela en verso ‘El cumpleaños de Juan Ángel’. Entre sus publicaciones, destaca la reciente reedición (apenas unos días antes de su fallecimiento) de ‘El amor, las mujeres y la vida’, a cargo de la editorial Punto de Lectura; una selección preparada hace catorce años por el propio Benedetti quien, citando y revisando al mismísimo Schopenhauer («El amor es la compensación de la muerte; su correlativo esencial»), quiso homenajear a este sentimiento por ser uno de los elementos emblemáticos de la vida. Un botón de muestra para comprender por qué Saramago califica a este prolífico escritor como un poeta de una humanidad extrema.
    Asunción de ti
    Quién hubiera creído que se hallaba
    sola en el aire, oculta,
    tu mirada.
    Quién hubiera creído esa terrible
    ocasión de nacer puesta al alcance
    de mi suerte y mis ojos,
    y que tú y yo iríamos, despojados
    de todo bien, de todo mal, de todo,
    a aherrojarnos en el mismo silencio,
    a inclinarnos sobre la misma fuente
    para vernos y vernos
    mutuamente espiados en el fondo,
    temblando desde el agua,
    descubriendo, pretendiendo alcanzar
    quién eras tú detrás de esa cortina,
    quién era yo detrás de mí.
    Y todavía no hemos visto nada.
    Espero que alguien venga, inexorable,
    siempre temo y espero,
    y acabe por nombrarnos en un signo,
    por situarnos en alguna estación
    por dejarnos allí, como dos gritos
    de asombro.
    Pero nunca será. Tú no eres ésa,
    yo no soy ése, ésos, los que fuimos
    antes de ser nosotros.
    Eras sí pero ahora
    suenas un poco a mí.
    Era sí pero ahora
    vengo un poco a ti.
    No demasiado, solamente un toque,
    acaso un leve rasgo familiar,
    pero que fuerce a todos a abarcarnos
    a ti y a mí cuando nos piensen solos.
    Pies hermosos
    La mujer que tiene los pies hermosos
    nunca podrá ser fea
    mansa suele subirle la belleza
    por tobillos pantorrillas y muslos
    demorarse en el pubis
    que siempre ha estado más allá de todo canon
    rodear el ombligo como a uno de esos timbres
    que si se les presiona tocan para elisa
    reivindicar los lúbricos pezones a la espera
    entreabir los labios sin pronunciar saliva
    y dejarse querer por los ojos espejo
    La mujer que tiene los pies hermosos
    sabe vagabundear por la tristeza.
    Táctica y estrategia
    Mi táctica es
    mirarte
    aprender como sos
    quererte como sos
    mi táctica es
    hablarte
    y escucharte
    construir con palabras
    un puente indestructible
    mi táctica es
    quedarme en tu recuerdo
    no sé cómo ni sé
    con qué pretexto
    pero quedarme en vos
    mi táctica es
    ser franco
    y saber que sos franca
    y que no nos vendamos
    simulacros
    para que entre los dos
    no haya telón
    ni abismos
    mi estrategia es
    en cambio
    más profunda y más
    simple
    mi estrategia es
    que un día cualquiera
    no sé cómo ni sé
    con qué pretexto
    por fin me necesites

    Sirena

    Tengo la convicción de que no existes
    y sin embargo te oigo cada noche
    te invento a veces con mi vanidad
    o mi desolación o mi modorra
    del infinito mar viene su asombro
    lo escucho como un salmo y pese a todo
    tan convencido estoy de que no existes
    que te aguardo en mi sueño para luego