Ya somos 7.000.000.000 seres humanos.
A ojos vista se percibe que la cifra es excesiva. Si fuésemos la mitad de seres humanos y contásemos con los mismos recursos, el humano medio viviría con el nivel de vida con el que vive, hoy en día, el mexicano medio. Y eso no es decir gran cosa.
Con el doble de población de la que plantea tal hipótesis, esto es, con la población real, el humano medio no supera el nivel de vida de Nigeria. Se puede argumentar que el libre mercado mundial es justo, pero no es más justo que la mera selección natural, y es razonable pensar que los seres humanos tenemos la capacidad de superar éticamente, digamos, a las amebas. Tal vez, incluso, fuésemos capaces de ser más éticos que algunos reptiles.

¡LEVANTEMOS NUESTRA COPA DE CHAMPAGNE!
Y brindemos por convertirla en algo más parecido a un tubo de cristal. Este sencillo diagrama en forma de copa de champagne representa la situación actual del reparto de los recursos con los que cuenta la Humanidad. La analogía es evidente, y para los que estamos en la copa, podría ser un motivo de egocéntrica celebración. Pues cada banda simboliza el 20% de la población total del planeta (es decir, cada banda vienen a ser unos 1.400 millones de personas). Los 1.400 millones de personas más afortunados (entre los que estamos tú y yo, sin lugar a dudas, porque yo puedo escribir esto y tú tienes los recursos para leerlo) manejamos nada menos que el 82,7% de la riqueza mundial. Sería cuestión de ver, dentro de ese grupo, quiénes son los que realmente lo manejan, pero eso es harina de otro costal.
A la harina llegan los siguientes 1.400 millones, que se reparten el 11,7% de los recursos. No es tan mala situación, porque actualmente la Tierra produce alrededor del doble de comida de la necesaria para mantener a sus 7.000 millones de habitantes, así que si un 20% se nutre del 11,7% de tales recursos… Bueno, digamos que está en el límite, pero está.
Se complica el asunto cuando se va más abajo en la tabla. El 60% restante de la Humanidad. 4.200.000.000 hombres, mujeres y niños que hacen frente al día a día con el 5,6% del total de los recursos. Repito: El 60% de la Humanidad tiene menos del 6% de los recursos. Hasta las amebas se reparten mejor los nutrientes.
OIGA… ¿Y A CUÁNTO TOCARÍAMOS?
Actualmente, circula por el mundo un capital aproximado de 63 billones de dólares.
Para entendernos, veamos unas definiciones técnicas:
E: Emisión. Incluye billetes, monedas y cheques que se encuentran en libre circulación, más los depósitos del sistema financiero en el Banco Central correspondiente..
C: Circulante. Incluye billetes, monedas y cheques emitidos por el Banco Central en libre circulación, menos los saldos en caja del sistema financiero.
Escala:
M1 = C + D1 (en este caso D1 corresponde a los depósitos en cuentas corrientes del sector privado no financiero netos de canje).
M1A = M1 + Dv + Ahv (en este caso Dv se refiere a los depósitos a la vista distintos de cuentas corrientes y Ahv son los depósitos de ahorro a la vista).
M2A = M1A + Dp (en este caso Dp corresponde a depósitos a plazo del sector privado).
M3 = M2A + Depósitos de ahorro a plazo, incluidos los de la vivienda.
M4 = M3 + Documentos del Banco Central en poder del público (Sector privado no financiero).
M5 = M4 + Pagarés de Tesorería en poder del público (Sector privado no financiero).
M6 = M5 + Letras de crédito en poder del público (Sector privado no financiero).
M7 = M6 + Depósitos en moneda extranjera del sector privado.
De lo que estamos hablando aquí, para no complicar el asunto, es del M3: Un total aproximado de 63 billones de dólares. Repartidos (sí, ya sé, a la comunista) entre los 7.000 millones de personitas que pululamos por este bonito planeta, dan la hermosa cifra de… 9.000 dólares por cabeza. ¡Bueno, -diréis- es el sueldo de un mileurista para algo más de medio año! ¡Ni tan mal!
Claro que… (y aquí vuelve el diablo capitalista)… si todos tenemos el mismo dinero (y entendamos que las posesiones también se habrían liquidado) ¿cómo hacemos para intercambiar bienes? O, peor: ¿Cómo hacemos para acumular riqueza? (de nuevo la tentación, por supuesto. Nadie es inmune).
Recordemos que nuestro sistema productivo de alimentos, bien gestionado, es capaz de alimentar al doble de la población actual. ¿No sería, pues, necesaria una reordenación del sistema de reparto, tanto de esfuerzos como de recompensas? O, lo que es lo mismo, una gran revolución mundial, a poder ser incruenta, en la que aseguremos que todos y cada uno accedamos a un nivel de dignidad, y no digo ya en el reparto de los recursos alimenticios, sino en el de las oportunidades vitales, en la educación, el acceso a la cultura, a los servicios elementales como la sanidad, la vivienda, el agua corriente, el saneamiento, la higiene pública…
Sé que este planteamiento es ingenuo. Pero ¿no lo es menos la visión capitalista cortoplacista, según la cual el éxito personal se mide en términos de la cantidad de bienes acumulados por una sola persona, familia o grupo? La acumulación de bienes por un grupo en particular, hecha a costa del empobrecimiento de otro grupo humano no lleva, a medio y largo plazo, a otro lugar que al conflicto. Quien crea que la época de las grandes guerras está superada es, simplemente, alguien que no sabe leer entre las líneas de la historia.
¿QUÉ NOS DEPARA EL FUTURO INMEDIATO?
Si mantenemos el actual ritmo de crecimiento demográfico, los expertos creen que dentro de sólo 39 años, en 2050, la Humanidad contará con 9.100.000.000 especímenes. Este crecimiento se podría ralentizar sin tomar medidas de control demográfico directas, sino indirectas: La más efectiva de todas, como ya se sugirió antes, sería algo tan sencillo como generalizar la educación para las mujeres a lo ancho de todo el mundo. Más educación significa más capacidad de control de la natalidad y de empleo femenino, y ambos reducen las tasas de natalidad.

A un ritmo de 1,85 niños por mujer, llegaremos a los 9.100 millones de habitantes en 2050. Lo peor es que el crecimiento se centrará en los países de ingresos bajos y medios. Las diferencias entre países se incrementarán, y lo mismo pasará con las tensiones internacionales.
Se trata, pues, de decidir entre dos modelos: ¿Mantenemos un sistema en el que entre el 60% y el 80% de la población mundial es la esclava virtual del resto, y nos arriesgamos a mantenerles bajo el control de las armas -como muy expertamente hacen los Estados Unidos y sus aliados- o a una revolución mundial a medio plazo? ¿O nos decidimos por optar por un modelo ético en el que el objetivo no sea la acumulación, sino el reparto equitativo, la dignificación de la vida de cada uno de los humanos de este bonito planeta?
La elección puede ser más relevante de lo que parece. Tal vez se trate de elegir entre la extinción de la especie o su viabilidad.