Premios a la nostalgia

Archivado en (Sin categoría) por Aida Collado el 23-10-2011

Ni visionarios, ni héroes, ni grandes atletas. Ni alfombra azul ni vestidos de Dior. Ni atriles por doquier ni traductores en cada esquina. Los Premios Príncipe 2011 ya son historia y han dejado las calles de Oviedo tal cual las encontraron. Todo vuelve a la normalidad, que no al estado original. Porque algo ha cambiado. Con el desembarco de celebridades, nos hemos acercado a las vidas de quienes ya admirábamos. Y hemos descubierto a otros, de quienes sólo conocíamos lo que sale en los periódicos. Algunos, incluso, nos hemos enamorado. Que a ver cómo gestiono yo ahora mi historia de amor con un etíope y cinco japoneses. Es cierto que también se nos han caído mitos, envueltos en petardeo. Pero ha estado bien. Muy bien. Y siempre nos quedará el Reconquista… Pero da penica. Porque nos hace conscientes de que el mundo está lleno de gente maravillosa a la que nunca llegaremos a conocer. Y para ello no hace falta cruzarse en el autobús con un Nóbel en Medicina, basta con abrir bien los ojos y escuchar al pasajero de al lado. Puede que esconda un filósofo, un emprendedor, un héroe o un divo. Basta con ser conscientes de que estamos rodeados de personas que se merecen laureles. Voto por que los Premios Príncipe 2011 se alarguen en las calles hasta octubre del año que viene. Yo, de momento, le doy el de la Concordia a un taxista que ayer vi mediar en una discusión de tráfico. El de los Deportes, al conductor de Alsa, que no tiene un Fórmula 1, pero cada día me lleva sana y salva a Oviedo. Y el de las Artes, a la mimo vestida de dama antigua que, cada 20 minutos, se baja de su peana para dar la vuelta en un radiocasete con más años que yo a la cinta de la banda sonora de Titanic. El de Comunicación e incluso el de las Letras se los doy a mis compañeros, que se han dejado la piel para contarnos qué pasaba en el Campoamor. Y el de Investigación Científica lo dejo en el aire. Se lo doy al primero que sepa curarme este catarro.

Al otro lado del Negrón

Archivado en (General) por Eva Mayordomo el 21-10-2011

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Decía mi amiga estudiante ovetense en Madrid, una de tantas, que nunca había sentido un gran interés por los Premios Príncipe hasta que se fue de Asturias. Viviendo más allá del Negrón llegó el mes de octubre y, presa de la morriña, se enganchó a la emisión en directo.

La abrumaron las gaitas, la alfombra azul, la gente agolpada a las puertas del Teatro Campoamor. Las declaraciones de los que habían sido sus vecinos durante años, emocionados, echados a la calle, resaltando lo importante que era aquella ceremonia para Oviedo y para todo el Principado. Año tras año, repitió aquel ritual, pero ya no sola.

Su salón se convirtió en punto de encuentro, mientras duraron sus estudios, de otros asturianos que “descubrieron” los Premios cuando ya no les era posible participar de ellos.
Y es que se trata de un evento pensado para ser comunicado, leído, y sobre todo, visto y escuchado. La ceremonia se pone en valor cuando la procesan los medios. Por eso no es extraño que todas, absolutamente todas las televisiones emitan estos días el consabido reportaje sobre el trabajo de los periodistas durante los Premios.

(Nosotros no íbamos a ser menos)

Dentro de unos años, cuando Leonor y Sofía sean mayores de edad, los futuros profesionales volverán a tener un aliciente extra a la hora de hacer la cobertura informativa de los Premios (retirarse del periodismo a los treinta de la mano de un casamiento real). Mientras tanto queda la satisfacción de posibilitar que cualquier asturiano, por lejos que esté, pueda sentirse orgulloso cada octubre de la mejor cara de Asturias.

I love you, Haile

Archivado en (General) por Aida Collado el 21-10-2011

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Hay días y días. Una puede perder el autobús, sufrir un ataque de alergia de camino al Reconquista, torcerse un tobillo en la calle Uría y, sin embargo, abandonar la capital un par de horas más tarde con una sonrisa, bobalicona pero plena, en la cara. Somos muchos quienes hemos de agradecer nuestro buen humor de ayer al Premio Príncipe de los Deportes. Haile Gebrselassie es, además de uno de los atletas más admirados en todo el mundo, un gurú del buen rollo. Con su risa contagiosa, sus pulgares hacia arriba, su paso ligero, sus abrazos espontáneos y su flexibilidad en el protocolo. Con sus zapatillas verdes. Esas deportivas cantosas, divertidas, que nadie espera ver bajar de un coche de alta gama. Esos playeros que no podrían ponerse y salir airosos ni los Héroes de Fukushima. Ni Cohen. Ni Muti, claro. Sólo él, el rey de la maratón, puede. Quién me iba a decir en plena sucesión de estornudos que unos minutos más tarde iba a caer enamorada, rendida a un etíope bajito que corre que se las pela. Se l’ amour. Mi Haile, dejémosnos de formalismos, corría de niño veinte kilómetros diarios para ir al colegio. Al lado de eso, perder el autobús es una chorrada. Mi Haile también media en los muchos conflictos que azotan su país. Y yo me quejaba del ataque armado de unos cuantos ácaros. Mi Haile luce una sonrisa perpétua, como deberían de ser todas las sonrisas. Ay. El único problema es que ‘mi’ Haile es, en realidad, ‘nuestro’ Haile. Porque mucho me temo que ayer no dejó un corazón sin romper. El mío está hecho añicos. I love you, Haile.

Manolo: misión cumplida

Archivado en (Sin categoría) por Alejandro Carantoña el 20-10-2011

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Decía Manolo, el cazador de autógrafos, el martes por la noche que cuando llegará la seguridad de la Casa Real, con los Príncipes, se evaporarían las posibilidades de conseguir sus valiosos tesoros.

Acabo de encontrármelo esperando, pacientemente, en la puerta del Hotel Reconquista.

–¿Conseguiste a Cohen? –le pregunté.

–Por supuesto –respondió exultante.

Sacó su cámara del bolsillo y empezó a pasar los últimos archivos. Parece un cazador de Pokémon feliz: los tiene a todos. Y la última es del canadiense, con el eterno sombrero y el permanente traje («Podían comprá-i otru», reía alguien esta mañana), posando a su lado y agarrándole del hombro.

Manolo: misión cumplida.

“Mamá, es arte”

Archivado en (General) por Eva Mayordomo el 20-10-2011

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Qué mejor manera de comenzar el día que con un pincho en la cafetería de una Facultad a las doce de la mañana. Esto sí que es vida. Los estudiantes del Campus del Milán aguardan la llegada de Leonard Cohen entre apuntes –que esperan ser estudiados por ósmosis-. Hay iPhones rodeados de cafés con leche. Quizás se hayan descargado una aplicación para jugar al mus unos con otros.
Al filo de las doce los universitarios abandonan el cuartel general para dirigirse al Aulario A del Campus de Humanidades del Milán. Hoy su profesor no es otro que Leonard Cohen, que inaugurará la muestra “Cohen: La cara B. Dibujos y grabados de un artista multidisciplinar”. La expectación crecía por momentos.
Collage mediático
Y Cohen volvió a hacer su aparición, ovacionado. Lo rodeó la calidez del hit universitario por excelencia: Laudeamus Igitur. Esperó, solemne, a que sonase la última nota para volver a agradecer al respetable su presencia: Quitarse el sombrero, juntar las manos como un monje budista, llevarlas al corazón. Tres gestos que estos días repite sin cesar. Le dio la bienvenida la decana de la Facultad, Cristina Valdés, en un perfecto inglés (solo faltaba). También el galardonado dijo - por escrito y de viva voz, que para algo es Premio Príncipe de las Letras - lo siguiente:
La firma de Leonard Cohen en el Campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo
“Thank you for your kind attention to my work”
Se tomó su tiempo para pasearse por el aulario, y no sólo estampó su firma en el libro de visitas. La piel (aclaración: ya tatuada de antemano) de Nerea alberga ahora el autógrafo de Cohen, de su puño y letra.
La muñeca de Nerea, tatuada por Cohen (solo una parte)
Seguramente si fuera de Justin Bieber tendría claro que su madre enarbolaría jabón y esponja a la semana de verla sin pasar por la ducha. Pero en este caso no. Si yo fuera Nerea, la miraría a los ojos y le diría, muy lentamente: “Mamá, es arte”.
Cohen escuchando embelesado "Laudeamus Igitur", himno de la Universidad

La prueba en vídeo de todo esto, aquí.

Tres en uno (la puerta del Milán)

Archivado en (Sin categoría) por Alejandro Carantoña el 20-10-2011

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Leonard Cohen está a punto de llegar al Aulario A del Campus de Humanidades de la Universidad de Oviedo. El interior está abarrotado y en la puerta lateral, un tipo con cara de pocos amigos me dice con voz mecánica:

–Por aquí no puede entrar.

Lleva colgada una identificación de ‘organización’ (seguridad, para los amigos).

–¿Tiene autorización?

–Sí –respondo sacando el pase de prensa.

–Llévelo puesto y visible en todo momento –remata. Podría ser Obama, y no Cohen, el que viniera.

Logro colocarme tras la cinta. Falta muy poco para que llegue Leonard Cohen. Qué nervios, qué emoción.

Pero de pronto, se escucha: «¡Martillo y tres en uno!» Alguien pasa corriendo. Las puertas dobles no abren, están atascadas. Solo una de ellas, la que habitualmente utilizan los estudiantes, cede. Qué nervios, qué tensión.

Con marcialidad, todas las piezas del puzzle se activan hasta que logran desencajarla. «Justo a tiempo», respira alguien.

Quizás el ‘organizador’ fuera infranqueable. Como la puerta del Milán…

Tiembla, Superman

Archivado en (Sin categoría) por Aida Collado el 20-10-2011

 

Cierren los ojos e imagínense un héroe. Uno cualquiera. De los de toda la vida. Un HÉROE, con mayúsculas. Ahora, quítenle las armas, los accesorios de ‘madelman’, los músculos súper desarrollados. O mejor: quítenle todos los súper. Quítenle, pues, el aspecto amedrentador, la inteligencia superior, la valentía infinita. Quítenle veinte centímetros. Quítenle las mayúsculas. Y sigan quitando hasta dejar en su mente a un tipo normal, con sus más y sus menos. Ese tipo, tan normal como usted y como yo, tiene, como usted y como yo, la oportunidad de elegir. Y cuando la elección es difícil siente miedo. Claro que lo siente. Como usted y como yo, decía. Muchas veces, la única diferencia entre un héroe y nosotros es que la vida le ha puesto en el aprieto de elegir. Y ha escogido el camino difícil, a pesar del miedo, para hacer lo correcto. “No tenía otra opción”, les oirán decir. Pero siempre la tienen. La tenían los Héroes de Fukushima, que pudieron poner pies en Polvorosa y ahora pisan las alfombras del Reconquista. Y, aún así, sin músculos súper desarrollados, sin accesorios, sin valentía infinita, sin veinte centímetros más, con miedo, se quedaron a pie de catástrofe nuclear. Y ahora, ríanse de Superman.

Donde hay humo

Archivado en (General) por Eva Mayordomo el 19-10-2011

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Donde hay humo, hay fuego, y donde suena la gaita, hay un premiado estos días en Oviedo .En el segundo día de llegadas, Riccardo Mutti, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011, entró el Hotel Reconquista con limpieza, y ante la invitación de los fotógrafos, posó al lado de sus congéneres músicos: los gaiteros. A medio camino entre sorprendido y alborozado, miró brevemente al primer intérprete de nuestro patrio instrumento, sin saber muy bien si se trataba de permanecer quieto escuchando “Soy de Verdicio” o de dirigir al cuarteto de viento y montera picona. Finalmente se decantó por lo primero´

Otro cantar fue la llegada de los Héroes de Fukushima. Hicieron su desembarco de forma menos ordenada de lo que se espera del estereotipo japonés. La prensa, ese ente de flashes, cámaras, cables y personas en la que en estas ocasiones de alto copete nos convertimos, rodeamos a los héroes nada más bajarse del coche negro. Error. Y es que va a ser verdad que los orientales nos parecen todos iguales, ya que un trajeado asistente nipón solo acertó a decir, aturdido, pero con buen acento de Valladolid, “furgoneta, furgoneta”. Porque los premiados llegaban detrás (uno de ellos, con un aire a Ken Watanabe) y llegaron como pudieron al photocall azul.


Trabajo nos costó hacer que entendieran que quedaría muy bonito y muy propio de los galardonados a la Concordia que se cogieran de la mano. La idea era con los brazos en alto, aunque al final se quedó en estilo “corro de la patata”. El inglés gritado no resultó, y solo la intérprete pudo ayudarnos.

Héores de Fukushima Leer el resto de este post

«Cuando llegue la seguridad, se jodió»

Archivado en (General) por Alejandro Carantoña el 19-10-2011

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La llegada de Leonard Cohen a Oviedo no da, como ocurre con los genios silenciosos, más que para un párrafo en una crónica. Para un fogonazo en la galería. Pero detrás de esos genios hay fans, que llevaban un rato esperando en la puerta (como Carlos, con una rareza descatalogada esperando a que su autor la firmara). Y luego, además, está Manolo.

Manolo no es Ander, el archiconocido cazador de autógrafos, es «la competencia», como él mismo dice. Hoy, le toca a Leonard Cohen, después de haber conseguido fotografiarse con el Premio Príncipe de Ciencias Sociales, Howard Gardner.

«Aquí lo importante», repite sin cesar, «es si va a salir a cenar».

Luego pregunta a los periodistas que esperamos al canadiense: «¿Cuándo llega el Príncipe?» No lo sabemos a ciencia cierta en ese momento, pero él resopla. «Es que yo soy perro viejo en esto y… cuando llegue la seguridad, se jodió».

Cohen baja del coche y firma algún autógrafo, saluda a los gaiteros, a Teresa Sanjurjo, la directora de la Fundación Príncipe de Asturias, y entra. Manolo no lo ha conseguido. Después de cerciorarnos de que Leonard Cohen no va a volver a salir de su habitación, nos marchamos. Manolo, no: la tenacidad es la clave de su caza.

Un rato después, Manolo y Carlos bajan por la calle con las manos en los bolsillos: no ha habido suerte. Es martes por la noche y en la agenda de su «víctima» solo figuran dos actos: la rueda de prensa de esta mañana a las 12 y la propia entrega. «Ahí, olvídate», se queja el cazador.

Aún quedan tres días: todo es cuestión de ahínco.

 AUTORES DEL BLOG
Eva Mayordomo
El Comercio Digital
Alejandro Carantoña
Redactor El Comercio
Aída Collado
Redactora El Comercio

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